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COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE:
LA IGLESIA EN CAMINO DE LIBERACIÓN

Por el Rvdo. Pbro. Carlos Alfredo Rivero Pérez.Vicario Episcopal para Oriente I.CA.R.VEN.
Párroco de la Parroquia: “Ntra. Sra. de Guadalupe” |
Las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), vienen ha ser como una síntesis eclesiológica de lo que estás pequeñas comunidades de cristianos comprometidos con su fe representan y significan para la Iglesia Latinoamericana, Caribeña y Africana, que clama y busca su verdadera liberación. Ellas pretenden ser un “signo de comunión y participación” de la Iglesia en el mundo. Comunión y participación que expresan en la celebración de la fe y la vida; en la realización de la misma Misión Universal de la Iglesia de Cristo: “Id por todo el mundo y anunciad la Buena Nueva” (Mt.28:19). Es el Pueblo de Dios que peregrina en búsqueda de la “experiencia de Dios” y de su entrada en la “Nueva Jerusalén” que comienza en el “aquí y ahora” de América Latina, el Caribe y África; y que tendrá su plenitud en el “más allá” escatológico. Es la puesta en marcha de la Iglesia Latinoamericana, Caribeña y Africana hacía su propia liberación integral. Este proceso de liberación, surge de la acción vivificadora y transformadora del Espíritu Santo, que ilumina la realidad y concientiza a la Iglesia desde la base: Pueblo de Dios.
Los destinatarios de está experiencia de fe y vida en las comunidades eclesiales de base (CEBs) son los más pobres, los marginados, los débiles, los excluidos, los desplazados, los emigrantes, los hombres y mujeres de buena voluntad, a los que el Evangelio llama: “Los Bienaventurados” (Mt. 5:3 ss.); y a todos los que buscan a Dios con sincero corazón. Ellos son los protagonistas de esta experiencia eclesial que nace en la base.
Las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), pretenden volver a las raíces de la vivencia de la fe de la primitiva comunidad cristiana. La Sagrada Escritura claramente indica que la vida comunitaria es el eje fundamental de la vida cristiana: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan (Eucaristía) y a las oraciones” (Hechos 2, 42ss).
EL APÓSTOL PABLO COMPARTE EL EVANGELIO Y LA EUCARISTÍA
En la actualidad estamos siendo concientizados de una gran verdad: la presencia de Jesucristo (por el Espíritu Santo) está renovando nuestras comunidades cristianas. Estamos ante un “Nuevo Pentecostés en la Iglesia” Nuestro Señor Jesucristo está llamando a todos los creyentes a participar en la plenitud de su vocación, como miembros de comunidades de fe y vida, de culto y caridad.
Es muy importante tener capacidad de leer “los signos de los tiempos” que claman por la necesidad de una experiencia más profunda de Dios, para terminar con el egoísmo, la injusticia y el vacío en que vivimos. La Iglesia fundada por Cristo, nos llama a que transformemos y renovemos nuestra cultura con una “Nueva Evangelización”. El mensaje liberador de Cristo Resucitado, tiene que ser proyectado a la vida concreta y a las realidades temporales del hombre. El Espíritu Santo está impulsando a los cristianos con poder, a que sean cocreadores con Dios en la construcción de una “civilización del amor” y de una “cultura de la vida”.
La semilla de una CEB comienza a crecer cuando los vecinos, amigos y familiares, intercambian experiencias de su fe en pequeños grupos de oración y de encuentro con la palabra de Dios. Para ello, una familia, cumpliendo con el papel de anfitriones, abre las puertas de su casa a los vecinos y amigos. Durante ese tiempo se experimenta un cambio dramático en las relaciones entre todas las personas presentes. Enseguida nace la comunidad. Aquí se cumplen las palabras de Cristo: “Pues donde hay dos o tres reunidos en mí nombre, yo estoy ahí en medio de ellos” (Mateo 18, 20).
Hoy en día es patente que Dios Padre está mandando a su Espíritu Santo para renovar la Iglesia. Ciertamente uno de los signos de tal renovación es el crecimiento de las CEBs en América latina, el Caribe y África. Es “un Nuevo Pentecostés en la Iglesia, para una Nueva Evangelización de los pueblos”.

COMUNIDAD ECLESIAL DE BASE DEL SECTOR: “ALTA VISTA” - PARIAGUÁN
¿QUÉ SON LAS CEBs?
“¡Qué bueno y qué tierno es ver a los hermanos vivir juntos!” (Sal.133:1).
Las CEBs como comunidad, integra familias, adultos y jóvenes, en íntima relación interpersonal en la fe. Como eclesial es comunidad de fe, esperanza y caridad; celebra la Palabra de Dios en la vida, a través de la solidaridad y compromiso social con el mandamiento nuevo del Señor y hace presente y actuante la misión eclesial y la comunión visible con los legítimos pastores, a través del servicio de coordinación aprobados. Es de base, por estar constituida por pocos miembros, en forma permanente y a manera de célula de la gran comunidad. Cuando merecen su título de eclesialidad, ellas pueden conducir, en fraternal solidaridad su propia existencia espiritual y humana (cf. Documento de Puebla, Nº 641).
Las CEBs son instrumentos en la vida de los cristianos, que generan una mayor intimidad entre vecinos, amigos y familiares, profundizan la comunión de fe con Jesús y con la Iglesia, y la participación responsable en las estructuras sociocomunitarias de todo rango y de todo nivel en las comunidades donde se conforman.
Las CEBs son encuentros comunitarios para renovar las Iglesias parroquiales en el Espíritu Santo. Tienen como fin servir a todos los que viven en la comunidad, sean católicos o no. Todos necesitamos experimentar una conversión a través de la evangelización. San Pablo nos enseña que tal renovación espiritual es necesaria: “Ustedes saben que deben dejar su anterior manera de vivir, el hombre viejo cuyos deseos falsos llevan a su propia destrucción. Han de renovarse en lo más profundo de su mente, por la acción del Espíritu, para revestirse del Hombre Nuevo. Este es el que Dios creó a su semejanza, dándole la verdadera justicia y santidad… según la verdad que está en Cristo Jesús” (Efesios 4, 22; 24, 21).
En las CEBs, la gracia de Dios toca muchos corazones y las bendiciones de Dios llegan a todos los participantes, la gente convertida siente el nuevo poder de la presencia sanadora, liberadora y trasformadora de Dios en sus vidas. Lo maravillosos es que cuando gente de fe se reúne en comunidad existe una fuerza mayor a la de la suma de las fuerzas individuales.
¿QUÉ OBJETIVO TIENEN LAS CEBs?
“Quién escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente que edificó su casa sobre roca” (Mateo 7, 24).
El objetivo principal de las CEBs, es sembrar la semilla de la Palabra de Dios en los vecinos, amigos y familiares que se reúnen para formarlas. Una semilla que al mismo tiempo fomente las relaciones de amor fraterno, confianza y ayuda mutua. Se reconoce a Jesús viviendo entre la comunidad, especialmente en la vida de los cristianos convertidos. El cristiano convertido adquiere una nueva visión de la justicia social y un deseo de cambiar las estructuras sociales que impiden el desarrollo integral, la libertad del individuo y el respeto por los derechos humanos.
A medida que crecen las CEBs en los vecindarios, los frutos de la renovación se manifiestan en las parroquias eclesiásticas y misiones. Se nota una nueva participación en la liturgia, la oración, el estudio bíblico y la evangelización de otros sectores, compartiendo la Buena Nueva.
Las CEBs llegan ha ser una nueva fuente de liderazgo en las parroquias y en las comunidades vecinales. Ellas se animan con el descubrimiento de personas convertidas que se ofrecen espontáneamente en la colaboración de los ministerios pastorales parroquiales y misionales, o en la solución de los problemas sociales y las necesidades de las comunidades vecinales, formando los Consejos Comunales y los Consejos Locales de Planificación Pública de sus Municipios.
¿CUÁL ES LA META DE LAS CEBs?
“Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de la historia” (Mateo 28, 19-20).
Toda la Iglesia; y por ende, toda CEB, es misionera y evangelizadora. La obra de la evangelización en los continentes del llamado “tercer mundo”, es deber y tarea fundamental de todo el pueblo de Dios. Cristo a través de su Iglesia invita a todos a una profunda renovación interior: “Nuevo Pentecostés personal”, para que tomando conciencia de la propia responsabilidad en la proclamación y difusión del Evangelio, acepten su compromiso misionero en todos los ambientes y en todos los pueblos de la tierra. Así pues, la meta fundamental de las CEBs es la “Nueva Evangelización de los pueblos”.
¿Qué se entiende en las CEBs por Evangelización?
Es la compenetración de Jesús en cada célula y tejido del ser humano. Jesús forma o renueva la mente, la manera de juzgar, los valores, pensamientos, inspiraciones, el estilo de vida, ¡todo! En otras palabras, encontramos lo que dice san Pablo, “el hombre nuevo”, una persona convertida. Todos tenemos el derecho y el deber de evangelizar a otras personas. La evangelización tiene un solo fin: llevar a todo el mundo a Cristo. La evangelización es necesaria para la construcción de una nueva sociedad basa en principios y valores humanos y cristianos. Es construir la “civilización del amor” en un mundo caracterizado por el materialismo y el capitalismo salvaje que llevan a la pérdida de valores y al consumismo. Es construir la “cultura de la vida” en un mundo envuelto en la violencia, las guerras y la muerte. Es construir la “paz” y el “respeto” entre los seres humanos y las naciones.
¿QUÉ METODOLOGÍA SIGUEN LAS CEBs?
“Estamos llamados como cristianos a una nueva evangelización: nueva es su ardor, nueva en su método y nueva en su expresión” (Juan Pablo II).
La metodología de las CEBs, surge del mismo Evangelio, Jesús envió a sus discípulos con unas recomendaciones muy precisas, que conformaban la metodología evangélica. Primero: les dijo: “vayan por todo el mundo”, esto es, a todos los lugares habitados por los hombres. Es una actividad misionera por excelencia. Segundo: “hagan discípulos míos”, esto es, enseñar con el Evangelio en la mano, a otros a seguir a Cristo; y a vivir esas enseñanzas evangélicas. Tercero: “bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, esto es, hacerlos miembros de la comunidad cristiana, profesando la fe católica y apostólica en Dios Uno y Trino.
Todo esto podemos simplificarlo en el siguiente esquema metodológico:
1.- Visitar de dos en dos los hogares de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad (casa por casa)
2.- Predicar el Evangelio de Cristo (no doctrinas, costumbres y tradiciones religiosas); 3.- Incorporar a los evangelizados conversos a la vida sacramental de la Comunidad Eclesial de Base (Ecclesia).
Es importante indicar, que está metodología evangelizadora, debe ser a la vez liberadora y transformadora. Para que sea plenamente eficaz y efectiva debe tener una preparación previa, que pasa necesariamente por un tiempo fuerte de oración. Jesús nos da el ejemplo, antes de realizar cada acción misionera, evangelizadora o sanadora, Jesús dedica largos y prolongados ratos a la oración personal y contemplativa, en el silencio e intimidad de la soledad con Dios. Él escogía siempre un lugar apropiado y apartado para ello: el desierto, el huerto de los olivos o la montaña, lugar privilegiado para la escucha de Dios; y luego, se lanzaba como un huracán a la misión. Quienes forman e integran las CEBs, deben ser personas de oración personal y contemplativa, que al igual que el Maestro Jesús de Nazaret dediquen largos y prolongados ratos a la oración, antes de realizar la misión evangelizadora.
La visita domiciliaría debe crear un clima de fraternidad y alegría, no es una visita de quien realiza un censo civil o parroquial, no es una visita formal, más bien es una visita ordinaria y relajada de una persona amigable, que trae un mensaje de paz y fraternidad en el Nombre de Cristo y de su Iglesia. La enseñanza debe ser previamente preparada con textos seleccionados sobre el Kerygma (anuncio gozoso de la salvación en Cristo; y la necesidad del hombre de arrepentirse, convertirse y aceptar a Jesucristo como único Señor y Salvador personal). Es por eso, que no se debe predicar doctrinas, costumbres y tradiciones religiosas, sino predicar a Cristo, Señor y Salvador del hombre. Jesús es el único Camino y la única Verdad que conduce a la Vida Eterna (cf. Jn. 14, 6), a la casa del Padre Celestial. Así mismo, se debe llevar al evangelizado arrepentido y convertido a la comunión y participación en la vida de la Iglesia, a través de la celebración y recepción de los sacramentos y el testimonio de una vida nueva en Cristo.
¿QUÉ MENSAJE “KERYGMÁTICO” PROCLAMAN LAS CEBs?
“Acuérdense de las palabras dichas en el pasado por los santos profetas y del aviso de sus apóstoles, que era el del Señor y Salvador.” (2 Pe. 3:2).
El mensaje Kerygmático es el mismo que está contenido en el Evangelio; y que podemos condensar en los siguientes seis (6) pasos:
1.- Dios es Amor (1 Jn. 4:8):
Como tu creador, te constituyó a imagen y semejanza suya, dotándote de inteligencia, espiritualidad, voluntad y libertad. Él te ama con amor eterno e incondicional (Jer. 31:3) y tiene un plan de salvación para ti (Jn. 3, 16). “No hay amor más grande que aquel que se entrega por sus amigos” (Jn. 15:13-14) o como dijo san Pablo: “Me amó y se entregó por mí” (Gál. 2:20).
2.- Todos somos pecadores (Rom. 5:20):
Pues porque todos somos pecadores, necesitamos reconocer nuestras maldades, pues “el que vive en el pecado es esclavo del pecado” (Jn. 8, 34); y, como dice el salmista: “(yo) cometí la maldad que (Tu) aborreces” (Sal. 50:6). “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Cambien sus caminos y crean en la Buena Nueva” (Mc. 1, 15). Dios pacta con el hombre una alianza de amor “Esta es la alianza que yo pactaré con Israel en los días que están por llegar, dice Yahvé: pondré mi Ley en su interior, la escribiré en sus corazones, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jer. 31:33).
3.- Jesús es nuestro Salvador (Jn. 3, 16):
Dios en su infinita misericordia ha cumplido con su promesa echa a nuestros antepasados, de enviarnos un salvador, el Mesías prometido: Dios envío a su Hijo Único, no para condenar al mundo, sino para que todo aquel, que en él crea no se pierda, sino que se salve. San Pablo nos recuerda que el deseo de Dios es: “que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (2 Tim. 1:9; cf. 1 Tim. 2:4).
4.- El hombre está llamado a aceptar a Jesús como su Señor y Salvador personal (Apoc. 3:19-20; cf. Lc. 19:5.9-10):
Pues, sin Jesús nada se puede hacer: “El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada” (Jn. 15: 5).
5.- El Espíritu Santo y sus Dones (Hech. 2:4; 1 Cor. 12:4-10):
El Espíritu Santo actúa en los que quiere y como él quiere: “Y todo esto es obra del mismo y único Espíritu, que da a cada uno como quiere” (1 Cor. 12:11). Estos Dones del Espíritu Santo tienen como finalidad, la edificación de toda la comunidad cristiana (Ecclesia). “La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común” (1 Cor. 12:7). Los dones del Espíritu Santo (según la tradición cristiana siente) son: “Sabiduría, Conocimiento, Fe, Sanación (Milagro), Profecía, Discernimiento, Lengua (Interpretación de Lenguas)” (Hech. 12:8-10).
6.- Incorporados a la comunidad cristiana (Hech. 2:42-47): Todo hombre que ha experimentado en su vida, la presencia salvadora y liberadora de Jesús, está llamado a incorporarse a la comunidad cristiana, verdadera Iglesia de Cristo, nacida el día de Pentecostés: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar…” (Hech. 2:1-4); y cuya experiencia vivificante y edificante se fue desarrollando en las primitivas comunidades cristianas (cf. Hech. 2:42-47).
El Bautismo en el Espíritu Santo: Juan, el Bautista, testimoniaba y proclamaba: “Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: “Verás al Espíritu bajar sobre aquel que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él”. Sí, yo lo he visto, y declaro que éste (Jesús de Nazaret) es el Elegido de Dios” (Jn. 1:33-34). Y el evangelista san Juan nos confirma está enseñanza del Bautista, cuando pone en labios de Jesús las siguientes palabras: “En verdad te digo: El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu” (Jn. 3: 5-6). Estos textos del Evangelio, nos invitan a dejarnos bautizar por Jesús, en el poder del Espíritu Santo, pues, él ha dicho: “Necesitan nacer de nuevo desde arriba” (Jn. 3,:7).
¿CÓMO SE ORGANIZA UNA CEB?
“Todos los que habían creído Vivian unidos; compartían todo cuanto tenían…” (Hech. 2:44).
En primer lugar se debe decir que las CEBs, no forman una Iglesia paralela a la Iglesia Universal (católica) y Apostólica, fundada por la verdadera piedra, que es Jesucristo: “y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt. 16:18); “…él es la piedra rechazada por los constructores, que se ha convertido en la piedra angular…” (1 Pe. 2:7-8); y, como dice san Pablo: “Están cimentados en el edificio cuyas bases son los apóstoles y profetas, y cuya piedra angular es Cristo Jesús” (Efes. 2:20). Por lo tanto, es la misma Iglesia de Jesucristo, pero desde la perspectiva de una “nueva alternativa cristiana” que surge desde la base, del pueblo de Dios.
Las CEBs, se organizan en el pueblo creyente, en las comunidades de fe, en los sectores donde la gente siente y padece la necesidad de crecer en le vivencia de la fe en Jesucristo. Es común ver, en algunos lugares de América Latina, a los hermanos reunidos en sus casas, compartiendo la palabra de Dios, haciendo oraciones unos por otros, compartiendo las experiencias de fe y planificando actividades de evangelización. Algunos invitan a los presbíteros y celebran la Eucaristía y comparten después un pequeño ágape.
Un sugerido esquema para la organización del las CEBs sería el siguiente:
1.-Se elige previamente una casa de algún hermano para la reunión, en un día y una hora señalados con anterioridad. 2.-Comenzar con cantos de animación y bienvenida de los hermanos. 3.-Continuar con cantos y oraciones de alabanzas, hechas en forma espontánea por los presentes. 4.- Luego, se selecciona un texto de la Biblia (especialmente del Nuevo Testamento) se proclama con un cirio encendido. Se medita en silencio por un rato, después se comparte la enseñanza, al final el coordinador o el presbítero (si esta presente, o también un diácono) hace la reflexión final para concretar la enseñanza (si hay celebración de la Eucaristía, se continúa con ella hasta el final, incluyendo el paso nº 5). 5.- Después, se hace un canto que invite a la oración por los miembros de la comunidad, especialmente por los ausentes: enfermos, impedidos, necesitados, etc.… Se puede hacer intercambios de oración con imposición de manos a los hermanos que así lo deseen. 6.- Finalmente, se evalúa, se programa o se planifica una actividad de evangelización en un sector, preferiblemente al que no vayan otros evangelizadores; y donde existan necesidades que se puedan socorrer desde la CEB (también se pueden organizar actividades socio comunitarias: culturales y médico asistenciales). 7.- Se concluye con una oración de acción de gracias, el padrenuestro y la paz. 8.- Terminada la reunión se invita a compartir el ágape (refrigerio previamente preparado y organizado por los asistentes) que fomente el compartir en fraternidad.
LA IGLESIA CATÓLICA REFORMADA DE VENEZUELA, RITO ANGLICANO, PROMUEVE EN SUS PARROQUIAS Y MISIONES LA CREACIÓN DE LAS COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE (CEBs). 
Las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), son un medio de organización de las comunidades cristiana de fe y vida, por lo tanto, son consideradas por la Iglesia Católica Reformada de Venezuela, Rito anglicano, como un valioso instrumento para la evangelización liberadora y transformadora de nuestros pueblos creyentes.
Cada una de las parroquias y misiones (ICARVEN), se debe promover, crear y animar la conformación de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). Un ejemplo de ello, es la comunidad que se está organizando en el sector: “Alta Vista” en Pariaguán, Municipio “Francisco de Miranda” en el Estado Anzoátegui. Allí se celebraron los primeros bautismos de párvulos en el marco de la celebración del Domingo de Resurrección.

Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de la historia”
(Mateo 28:19-20).
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