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INTINERARIO ESPIRITUAL DE UN CATÓLICO REFORMADO DE RITO ANGLICANO

Por. Rvdo. Pbro. Carlos Alfredo Rivero Pérez.
Vicario Episcopal para Oriente ICARVEN.
Jesús nos enseña en el Evangelio que un verdadero discípulo suyo, es como la rama de vid que unida a la planta produce muchos y buenos frutos. Pero, jamás llagará a ser un verdadero discípulo de Jesús, quien no esta unido a él, que es la vid verdadera (cf. Juan 15:1-17).
El itinerario espiritual de un Católico Reformado de Rito Anglicano, propone unirnos cada día más a Jesucristo. Es un camino que sólo pueden recorrerlo quienes han comprendido que: sin Jesucristo “no pueden hacer nada” y quienes no permanece en él: “serán cortados, tirados al suelo para que se sequen, amontonados y echados al fuego para que ardan” (Ídem). No hay otro camino que el mismo Jesucristo (cf. Juan 14:6).
La Iglesia Católica Reformada de Venezuela, Rito Anglicano, enseña que este itinerario espiritual se fundamenta en su doctrina de la aceptación de: “solo Cristo” “sola Gracia”, “solo Escritura” y “sola Fe”:
1.- “Solo Cristo”: El único fundamento de la fe es Jesucristo. Así lo afirma la Escritura: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (I Corintios 3:11), “Ustedes, pues, que creen, recibirán honor. En cambio, para aquellos que no creen, él es la piedra rechazada por los constructores, que se ha convertido en la piedra angular; piedra en la que la gente tropieza y roca que hace caer. Cuando se niegan a creer en la palabra, están tropezando con aquello en lo que debían afirmarse” (I Pedro 2:7-8), “Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (I Timoteo 2:5).
2.- “Sola Gracia”: Jesucristo es el único que puede justificarnos. Las obras, incluidos los ritos eclesiales litúrgicos y cualquier tipo de esfuerzo humano, no son la causa de la salvación del hombre. Jesucristo murió por nosotros y a través de Él, por medio de la fe, somos salvos, para que nadie crea que fue salvo por su propio mérito o esfuerzo, ni para que se glorifique de sus propias obras. Por lo tanto, la salvación es obra de la sola gracia de Dios. Como dice la Escritura: “Ustedes han sido salvados por la fe, y lo han sido por gracia. Esto no vino de ustedes, sino que es un don de Dios; tampoco lo merecieron por sus obras, de manera que nadie se sienta orgulloso” (Efesios 2:8-10).
3.- “Sola Escritura”: La única fuente de revelación y norma de fe y práctica de vida son las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento, Así está escrito: “Acuérdense de las palabras dichas en el pasado por los santos profetas y del aviso de sus apóstoles, que era el del Señor y Salvador” (II Pedro 3:2), “Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mí palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:31-32).
4.- “Sola fe”: La fe es lo único que, mediante la gracia de Dios, nos salva. Ninguna obra puede salvarnos, sino sólo la fe. Dice la Escritura: “Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por la fe y para la fe, como está escrito: Más el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17).
También enseña nuestra Iglesia, que este itinerario espiritual debe estar fundamentado en la doctrina de la justificación por la fe, que es el centro de nuestra vida cristiana: “El mensaje de la justificación por la fe no es otra cosa que el Santo Evangelio mediante el cual vive la Iglesia cristiana en el mundo”; en la celebración dominical de la Santa Cena del Señor y la conmemoración anual de la Pascua de Resurrección; en el perdón de los pecados: “No podemos obtener el perdón de los pecados y la justicia delante de Dios por nuestro propio mérito, por nuestras obras o por nuestra propia fuerza, sino que obtenemos el perdón de los pecados y la justificación por pura gracia por medio de Jesucristo y la fe. Pues creemos que Jesucristo ha sufrido por nosotros y que gracias a Él nos son dadas la Justicia y la vida eterna“(cf.Romanos 2 y 3)” (cf. Confesión de Augsburgo art. IV); y la renovación constante de nuestra profesión de fe, contenidas en los tres Credos Ecuménicos: Credo Apostólico, Credo Niceno y Credo de san Atanasio. Estos principios y fundamentos de nuestra fe Católica Reformada de Rito Anglicana, se complementan con los artículos de fe, contenidos en la Confesión de Augsburgo; y, en los Treinta y Nueve artículos de la Religión Anglicana.
El itinerario espiritual de un Católico Reformado de Rito Anglicano, pasa necesariamente por el crisol purificador y transformador de la oración contemplativa y la escucha susurrante y silenciosa de la palabra de Dios. Un verdadero discípulo de Jesucristo, dedica, sin prisa psicológica, verdaderos ratos a la oración contemplativa. A imitación de su Maestro Jesús, que con frecuencia subía a la montaña a orar: “Se fue a orar a un cerro y pasó toda la noche en oración con Dios” (Lucas 6:12). Está clara, que, el motor y guía de este itinerario espiritual es el propio Espíritu Santo, quien es el alma y la vida de la Iglesia; y de toda actividad cristiana. Con mucha razón, nosotros hemos sido llamados: “Templos vivos del Espíritu Santo de Dios”; y como tal, debemos vivir y comportarnos.
Un verdadero discípulo de Jesús; y, Católico Reformado de Rito Anglicano, no puede olvidarse en su itinerario espiritual de la “Madre de su Señor”. Ella nos enseña, ha hacer lo que el Señor nos manda: “Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga”” (Juan 2:5). Por lo tanto, debemos apropiadamente reverenciarla y honrarla como la “Bendita Virgen María, Madre de Dios” (“Theotokos”). Ella es digna de los más altos honores, como miembro de la Iglesia triunfante que intercede en oración por la Iglesia militante. Como dijo el teólogo y doctor fray Martín Lutero: “una persona puede enorgullecerse de tal tesoro como es la Virgen María como su verdadera madre (…) Por esa misma razón puedes sentarte confiadamente en el regazo de la Virgen María y eres su querido hijo” (cf. Ower Bárbara: “Luther on Mary”, Revista “The Lutheran”, Diciembre, 1997).
Fuente consultada: Cf. www.iglesiacatolicareformada.com Cf. Confesión de Augsburgo; Estatutos y Doctrina ICARVEN.
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